Una noche, una noche cargada de estrellas, estrellas que están tan y tan lejos...
Una noche, tumbado sobre el césped y viendo estas mismas estrellas mientras sopla una leve brisa, una leve brisa cargada de recuerdos y olores del pasado, un brisa que trae consigo ideas y pensamientos.
Una noche de recuerdos, de lágrimas, de impotencia, de querer y no poder. Lágrimas y más lágrimas que resbalan por las mejillas y como único testigo,las estrellas.
Una noche donde necesitas una ducha para que resbalen aquellos pensamientos que ocupan lugares no deseados.
Una noche para sentarse en el suelo y asentar esas ideas que no han sido arrastradas por el agua.
Una noche donde te miras al espejo y en tu cara triste comienza a dibujarse una sonrisa, donde esos ojos verdes hinchados ya de tanto llorar, empiezan a achinarse por la sonrisa que estas construyendo.
Una noche donde te asomas a la ventana y mirando al horizonte sin fijarte en ningún punto en concreto, te vienen a la mente deseos, deseos para un futuro, tu futuro.
Una noche mágica donde el pasado, el presente y el futuro se han hecho uno, donde la lucha no ha acabado y toca levantarse tras la caída una vez más.
Una noche en la que abrazado a la almohada,quieres quedarte dormido rápido para no pensar y mañana Dios dirá, pero sabes que será una noche larga.
Una noche para cerrar los ojos y...
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