jueves, 19 de julio de 2012

De contrastes y sensaciones

La entrada de hoy, no pretendía ni por asomo ser como va a ser, pero después de percibir un gran día de sensibilidad y de contrastes, he decidido cambiarla de ultima hora. Así que mientras escucho Chambao (ese grupo que hace que mi sensibilidad salga con su música) escribo.

Me gustaría hablar de mi día de playa de ayer, de como el mundo me dio esa oportunidad de percibirlo como lo sentí, de fusionarme y sentirme uno con él.


Nos dirigimos rumbo a Huelva, a la playa de El Portil. Un camino normal y corriente como siempre, salvo que notaba como algo dentro de mi se concentraba, percibía que mi energía interna estaría preparada para salir a flote y en guardia.
Fue pisar la arena cálida, la cual al quemar hizo que acelerase mi paso para llegar a la zona donde nos asentaríamos, y los primeros contrastes e ideas empezaron a aparecer en mi mente. Como la arena en esos momentos se había convertido en algo malo que nos puede pasar en nuestra vida diaria, como un bache o un mal momento lo cual nos hace daño y hundirnos,por lo tanto, queremos acelerar, quitarnos cuanto antes de ese momento, que desaparezca ya para no sentir daño alguno, pero al igual que superamos el dolor y cuando este a pasado, usamos ese dolor para transformarlo en algo positivo o como un aprendizaje, al igual que la arena quema y corres, luego será tu aliada para colocar la toalla y tumbarte.


Al plantar la sombrilla, colocar la toalla en la arena,tumbarme sobre ella y ver como me molestaba el comprobar que arena se había colado sobre la toalla, más ideas volvieron a rondar mi cabeza.
La arena que ahora servía de colchón para nuestra espalda, también ejercía de invasor molesto, al no querer mancharnos con ella y estar tumbados plácidamente sobre la toalla, la arena nos incordiaba, como esas personas a las que no damos la oportunidad de conocer, que las rechazamos de primeras porque son diferentes a lo que teníamos pensado, no era lo que queríamos en ese momento y su presencia invasora nos incomoda, pero cuando realmente nos olvidamos de esos prejuicios, la dejamos con nosotros ahí porque al fin y al cabo, forma parte de ti y echarla sin saber que nos puede aportar tenerla ahí, sería despreciar un conocimiento por miedo a que nos puede aportar.


Al aprender esto y sentarme, se me apeteció meter la mano completamente sobre la arena y levantar mi palma con arena hacia arriba. Ver como el viento se iba llevando los granos hacía otro lugar me hizo sonreír, ya que me recuerda a esas personas que forman parte de nuestra vida en algún momento, pero como los granos de arena, acaban volando y teniendo su propio camino, no les odias por irse, sabes que cada cual tiene su rumbo distinto y quien sabe, lo mismo en un futuro al volver a hacer lo mismo, coincida algún que otro grano en tu mano, como esas personas que de repente vuelven a formar parte de ti cuando quizás las dabas ya por perdidas. Cuando todos los granos ya han volando y tu mirabas hacia donde se dirigían, te vuelves a fijar en tu mano y tienes aun arena en ella, sonríes con felicidad, porque estos los has identificado, son aquellos que siempre estarán contigo para bien o para mal agarrados con fuerza esperando tener su protagonismo en algún momento.


Te acercas a la orilla y te tumbas alejado del agua, solo comprobando como el viento te acaricia el cuerpo mientras sigue su camino, cierras los ojos y te dejas llevar por esa sensación de dulzura y relajación.
No sabes cuando tiempo has estado ahí tumbado, has perdido la noción del tiempo por un momento hasta que sin esperarlo, el agua golpea tus pies lentamente y va subiendo con lentitud pero con perseverancia hasta que se ha adentrado completamente en ti.
Esto te lleva a pensar y compararlo con el amor, como sin esperarlo porque no era tu objetivo cuando te tumbaste, el agua ha aparecido y poco a poco ha ido invadiéndote, como el amor juega a veces su partida, llegando de improvisto,conquistando y arrasando con los muros o barreras que se le pongan por delante. Las personas que en ese momento se levantan del suelo al notar el agua en sus pies, son esas personas que por pensar que no están preparadas a sentir y ser felices auto engañándose de ello, pierden la oportunidad y rechazan al amor.


Al estar ya completamente en el agua, la sensación de libertad te invade, te sientes liviano, como si el peso del mundo no te afectase y tus niveles de relajación se dispararan a lo más alto, no sabes porque, pero decides sumergir la cabeza dentro del agua y esta sensación hace que sientas estar dentro de una burbuja, que nada podrá dañarte, que las cosas malas que te tiene la vida preparadas para ti, no te afectarán, notas ese aislamiento bajo el agua, no hay ruidos, no hay dilemas, ni prejuicios, solo estás tú y tu yo interior.


Al salir del agua, secarme y vestirme dispuesto a volver a casa, hechas la vista atrás y te despides del día de hoy, un día en el que los contrastes y las sensaciones han tenido protagonismo.
Cierras los ojos, sonríes y vuelves para casa sabiendo que cuando vuelvas a la playa, no volverá a ser como la conocías hasta este día, sino que será tu pequeño paraíso, tu jardín del edén.
Que cierto es eso de que la vida siempre te da una oportunidad todos los días para convertir algo infeliz en algo sumamente feliz y alegre...



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