Anoche tuve un sueño, a diferencia de los tenidos anteriormente, este sueño tenía magia y fe.
Este sueño contaba con la esencia que tanto me gusta a mi que tengan los sueños y también mi propia vida.
Era un sueño en el que iba por una ciudad mágica, Roma, y estaba haciendo algo que quería y con quien de corazón deseaba hacerlo.
Era un sueño en el que estaba FELIZ, y lo pongo con mayúsculas porque no es que sea una persona triste, pero la ausencia de tristeza no implica obtener felicidad. Sin embargo en este sueño lo era.
Estaba radiante en él, desbordando felicidad por todos los poros, sin miedo a nada y con un carácter más luchador que de costumbre.
Me desperté a las 5 de la mañana después de dos horas de sueño y me puse a pensar en mi cama porque había podido tener este sueño.
Quizás sea que la noche es mi mejor muse y siempre que la busco, ella me da respuestas a todo junto con esa paz interior que necesito para pensar con claridad. Y así me mostró la solución a el rompecabezas de mi sueño.
Por primera vez en mucho tiempo, tengo ilusión real por algo, noto que va desapareciendo las tinieblas que me tapaban el camino y empieza a clarear un poco al fondo.
Se que estoy caminando muy despacio y lentamente, pero quiero disfrutar de todo, de cada pequeño paso, de cada situación y de cada gesto.
Me noto renovado, me siento con fuerzas para mirar de frente y luchar por lo que veo que me gusta y merece la pena luchar.
Puede que todo me salga mal, puede que vuelva a caerme en un charco, pero siento que he encontrado una aguja en un pajar cuando menos esperaba encontrarla y ni siquiera la buscaba. Todo esto junto, impide que pueda pensar de forma pesimista, solo quiero caminar hacia adelante y seguir haciendo lo que he estado haciendo hasta ahora, disfrutar del regalo que se me ha puesto delante y maravillarme con cada nuevo descubrimiento que me puede ofrecer.