viernes, 27 de septiembre de 2013

Mi pequeño jardín

Bueno, después de unas merecidas vacaciones de descanso tanto físico como mental, vuelvo a la carga con una entrada que lleva cociéndose desde julio que la tenía ya planteada y más o menos pensada.
En esta ocasión mi tema es la amistad ya que todos estamos rodeados de “amigos” (Va entre paréntesis porque a fin de cuentas, como bien dijo Juan Carlos Aragón en un pasodoble, el mejor amigo de cualquier persona es su padre/madre).
Siempre me han enseñado que hay que sembrar en el campo adecuado para así cuando llegue la época de recogida, recojas de manera proporcional a la siembra. Pero nunca me ha gustado esta teoría y me gustaría pensar que todos tenemos nuestro propio jardín y en él, un espacio dedicado a cada persona, así que yo voy un paso más allá en esta teoría.
En nuestro enorme (o pequeño) jardín, siempre nosotros seremos los máximos responsables de todo lo que acaece en él y si alguna planta, árbol o trozo está descuidado, es porque nosotros mismos lo hemos dejado así por lo tanto ha sido una causa/efecto de nuestras acciones.
En ese jardín están nuestros padres, que además son los primeros en haber poblado ese espacio. Para algunos, son grandes árboles, epicentros de sabiduría y a los cuales se les riega con cariño y afecto. Para otros, no son más que árboles resecos sin hojas a los cuales se ven como una carga y los cuales ocupan un espacio que no desearíamos.
Luego empiezan a sembrarse los hermanos, abuelos, primos, tíos… Al fin y al cabo, familiares. Estos son de diversas formas. Algunos familiares (como los abuelos) si los cuidamos y los mimamos, se convertirán en una de las partes más hermosas de tu jardín ya que cada vez que te acerques, te premiaran con su dulce aroma y a pesar de no ser las flores más novedosas y lindas, si serán las que ocupen un lugar de oro dentro de él. Recordad que no por el hecho de sembrar flores y árboles nuevos, debamos descuidar aquellos que ya estaban en él, que tan buenos ratos nos han hecho pasar y tanto nos han enseñado. Con dedicación, esfuerzo y constancia, hay para todos.
A veces en este paraje, hay un pequeño jardín Zen que es nuestro espacio personal para meditar y ser nosotros mismos, en el cual no crece ninguna planta ni árbol, solo estará lleno de arena la cual va aumentando conforme pasa el tiempo y los años.
Como en todos los jardines, nos encontraremos con hierbajos los cuales afearán nuestro jardín. En nosotros estará el arrancarlos a tiempo y seguir manteniendo nuestro jardín hermoso y limpio o dejarlos crecer llegando a convertirse en un problema.
A fin de cuentas, todas las personas que aparecen en tu vida, tiene un lugar en tu jardín. A veces algunos árboles o flores permanecen de manera indefinida. Estos árboles nos deleitarán con hermosas flores y frutos de una enorme belleza y sus raíces crecerán profundas. Otros están de manera temporal ya que o no los regamos bien y lo descuidamos o porque el PH de nuestra tierra no era el adecuado para sus raíces. En muchas ocasiones perdemos demasiado tiempo con estos árboles ya que a sabiendas de que no llegarán a cuajar en nuestro jardín, dedicamos un esfuerzo máximo por conseguir que estén en él y el sacrificio de intentar lograr esto, es el descuido de las demás partes de tu jardín.
En nuestro jardín (y también vida) aparecerán los dañinos, los cuales son realmente bonitos en apariencia a de primera impresión y encajan genial en nuestro jardín, pero con estos hay que tener especial cuidado, ya que si nos descuidamos, nos harán daño.

A fin de cuentas, somos nosotros mismos los que elegimos el jardín que tener, dedicando nuestro esfuerzo en cuidarlo como es debido, arrancando los hierbajos y sabiendo elegir que árboles sembrar y cuidar y que otros desechar.

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