Caminamos por una playa de agua cristalina y arena blanca,andamos descalzos por la orilla mojada,está atardeciendo y corre una pequeña brisa.
Cerramos los ojos mientras andamos dejando que la brisa marina con su olor a sal se adentre por nuestra nariz.Cada pisada que damos es suave y hace que nuestra piel entre con contacto con el agua húmeda de la arena.
Poco a poco nos adentramos en el agua, la temperatura es cálida lo cual nos invita a seguir entrando.Nuestra mano entra en contacto con el agua la cual nos aporta sensación de libertad, como si nuestras muñecas hubiesen estado prisioneras.
Metemos la cabeza debajo del agua, sin pensar, solo escuchando el sonido del agua en calma,nuestros ojos nos pesan, están en sintonía con el mar y este hace que nos relajemos y no pensemos en nada.Sacas la cabeza del agua,miras al cielo anaranjado con sus nubes blancas y grandes bañadas por rayos de sol cada vez mas suaves.En el horizonte vas viendo como se va escondiendo el sol pero muy lentamente, como si no quisiese aun irse para darle paso a la estrellada noche.
Sales del mar, el viento suave de levante te silva en los oídos mientras te acaricia el pelo y la piel muy débil,como si fueses a estropearte si lo hace de otro modo.
Sigues caminando por la arena, notas como la arena, cada vez mas fría,se amolda a tu pisada corta y lenta.Te tumbas finalmente en la arena, cierras los ojos e intentar poner la mente en blanco, sin pensar en nada, solamente con el recuerdo de todas las sensaciones vividas en los últimos momentos en lo que paseaste por la playa y te metiste en la mar bañada por los últimos rayos del sol de la tarde.
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